Cualquier comprensión del lenguaje de la Astrología comienza por entender qué es lo que puede y lo que no puede decirnos el horóscopo natal.

La Carta Natal

La carta natal, o mapa astral, se basa en un esquema astronómico sumamente complejo, que no solo tiene en cuenta la fecha de nacimiento, sino también la hora y lugar en el que éste se produce. Debemos, por tanto, empezar por ver como generalización sin precisión, cuando no como meros ejercicios de imaginación, a las previsiones basadas solo en el signo solar de nacimiento, que tanto abundan, tanto en Internet como en revistas y anuarios de todo tipo, que no tienen el rigor que necesita un estudio profundo y completo.

El mapa natal no muestra la trama predestinada del hado individual, sino más bien las líneas del desarrollo potencial del carácter, aunque a menudo sus predicciones sean muy acertadas. Un ser humano ha de actuar y dar forma a su vida de acuerdo con sus necesidades, temores y capacidades, y todo eso se genera de la disposición que le es inherente. En este sentido, el carácter es destino, y si ignoramos nuestra propia naturaleza, (como la ignora la mayoría de los que no han explorado su inconsciente) no se puede culpar a las estrellas de que nos precipitemos ciegamente por la senda que nosotros mismos hemos elegido. Este punto fundamental es decisivo para la comprensión de todo estudio astrológico.

La más superficial de las interpretaciones del hado y del libre albedrío-el hado es lo que estoy predestinado a hacer-, en tanto que el libre albedrío es lo que yo “opto” por hacer, nos coloca en la imposibilidad de ver la sutil paradoja de que estos dos opuestos son una y la misma cosa.

Sabemos que detrás de toda vida, ya sea psíquica o material, se encuentran las pautas arquetípicas, el esqueleto que construye la estructura de la existencia.

Todavía no sabemos si existe una base física (energética más o menos sutil) que correlacione los datos astrológicos con el comportamiento humano, aunque las investigaciones en los relojes biológicos y las influencias de los ciclos solares e influencias manifiestas de la Luna, están aportando indicios a este respecto.

Así mismo, las investigaciones laboriosas y detalladas de Michel Gauquelin han demostrado de manera fehaciente y espectacular que dichas correlaciones son veraces. Los hechos materiales como que las emanaciones de los planetas afecten al campo magnético del Sol, son una parte de dichas investigaciones.

El sistema solar no es únicamente una disposición de cuerpos físicos, que unidos entre sí por la fuerza de la gravedad describen órbitas en el espacio. Se le puede ver también como la pauta de una energía viviente, que influye sobre las formas de vida que están contenidas en ella.

Cuando se intenta entender el simbolismo del horóscopo natal es útil tener en cuenta lo que sabemos de la psique, puesto que la carta astral es realmente un modelo, expresado en términos simbólicos, de las diversas pautas de energía y componentes físico-psíquicos que constituyen el individuo y las formas de vida.

Sabemos que el Yo, en cuanto que centro del campo de consciencia, es un regulador puesto al servicio de iluminar aquellos ámbitos del inconsciente, tanto personal como colectivo que se esfuerzan por alcanzar la luz; y sabemos, también, que el Yo es el vicario de lo que se ha dado en llamar Sí mismo, nuestra naturaleza real, no local, que está en todas partes y en ninguna en particular, más allá del espacio y del tiempo, que está dando realidad a lo existente.

Al mismo tiempo, sabemos que para llegar a la unión con ese Sí mismo es necesario (y la vida nos lleva a ello constantemente, aunque no nos demos cuenta) integrar las facetas sumergidas y desvinculadas, mediante la toma de consciencia, la compasión y la entrega. Haciendo que nuestra personalidad sea una adecuada mansión para que el ilustre dueño que vive en ella, se manifieste plenamente, y abra las ventanas para que entre la luz.

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