EL NIÑO LEO

El típico niño Leo es alegre, risueño y juguetón cuando se sale con la suya. Cuando no, no se sabe de dónde aparecen nubes de tormenta, acompañadas de un rugir de truenos o de un ofendido y caviloso retraimiento. Aunque parezca que se concede demasiada importancia, no hay que poner continuamente en su lugar a un niño Leo. Si se reprime su entusiasmo y su alta opinión de sí mismo, se corre el riesgo de dejarle profundas cicatrices que durante años oscurecerán su personalidad.

Los niños y niñas de este signo tienen la costumbre de ser mandones con los demás niños, cosa que frecuentemente molesta a las madres de otros niños más inhibidos, pero es necesario imponerles suavemente las restricciones necesarias, sin reñirles jamás con aspereza, en presencia de los demás. El gran orgullo de Leo reacciona con violencia ante un ataque a su vanidad y muy especialmente si se produce en público. Es positivo estimular la capacidad de liderazgo del niño Leo, pero es necesario enseñarle que cada cual ha de tener su turno y que esto es lo justo aunque él sea más fuerte que los demás. El sentido leonino de la Justicia hará, por lo general, que vean lo que se intenta explicarles.

Leo no es agresivo por maldad; simplemente tiene una tendencia innata a encabezar el desfile. El niño Leo tiene una gran necesidad de exhibirse y si cuando son pequeños no se controlan este impulso, es muy difícil dominarlo después. Tu hijo Leo será más inquieto que la mayoría de los niños, correrá más riesgos y será más activo. También tendrá sus ataques periódicos de leonina haraganería, durante los cuales estará tirado por la casa, demasiado cansado para mover un dedo, como no sea para ordenarte que le atiendas.

Déjale sólo y hazle entender que nadie es su sirviente. Si quiere algo puede buscarlo él sólo, cuando recupere sus energías. Si no actúas así, malcriarás al pequeño Leo y harás de él un «enfant terrible». De pequeños, a los varones Leo les gustará jugar para ser ellos los héroes, los arriesgados, los magnánimos.

La niña Leo será toda una señora desde la más tierna infancia; le gustará que le digan que es guapa y que le confíen responsabilidades en la casa. La varita mágica para educar a estos niños será siempre apelar a su vanidad y a la dignidad que deban demostrar. Deberán ser conducidas con afecto y con firmeza.

Dale la suficiente libertad, porque si no, él se la tomará. Imponiendo órdenes rígidas a un niño Leo destruirás su orgullo y su dignidad. Si estimulas su valor y halagas su yo, diciéndole con sinceridad que le consideras capaz de serlo, te mostrará orgullosamente lo fuerte que es. La respuesta a qué quieres ser de mayor podría ser parecida a la que en una ocasión me dio un Leo de ocho años: «Me gustaría comprarme un campo de fútbol para jugar yo solo y que todo el mundo me viese».

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