CARTA DE AMOR A CAPRICORNIO

CAPRICORNIO

He visto una huella junto a ti y no sabía si era tuya, si la habías hecho al pasar o a tu pesar. Quiero decirte muchas cosas y espero que tengas tiempo para oírlas. Si entran en ti y echan raíces se convertirán en mágicas plantas de frutos maravillosos, que harán que ese tiempo que tanto valoras se transforme en un océano inmenso, con miles de playas, cientos de sombras, decenas de brisas, tú y yo. Encuentro en ti una suspicacia sabia, una prudencia que no para, un hacer para hoy y para mañana que tranquiliza mis venas, sosiega mi pecho y me hace pensar en una montaña de chocolate que hoy no quiero probar. Luego te veo reflexionando y entendiendo el por qué de un sonido de violín, un agujero vacío puede estar tan lleno, por qué el arco iris está en todas partes. Veo en ti una piedra que rueda con sentido por un valle, nieve que vuelve hacia la nube y una aspiración sin dueño. Si te dirigieras hacia mí vería un prodigio, un refugio y un destino. Guadañas sin filo, espadas de caramelo y batallas de flores, ventanas desde lo alto y un sin fin de luciérnagas haciendo sitio al Sol. No sé cómo contarte que veo en tu cintura un lugar por el que quiero dar mil y una vueltas, hacerte un cinturón de estrellas y vivir cara a ellas. Te veo administrar lo que das y lo que recibes con mano blanda y justicia de miel. A veces mides mucho lo que das, pero también sabes lo que recibes y no echas en saco roto las palabras amables, los apoyos, las buenas intenciones, ni la lealtad. Una estrella de mar guía tu destino y me gustaría que fuera hacia mí. Sé que he de respetar tu reserva, tu reflexión y tu silencio, tu ordenado principio y tu eterno fin. Quiero apoyarte en tu ambición fría, hacia un logro soleado y cálido que no sea solo una meta, ni una posición de triunfo, sino que se convierta en un fluir hacia el misterio estando rodeados de humo de hogar, de guiños de niños, de deseo satisfecho, de paz. A veces te empeñas en saber antes de ver, o crees que estás dando la vuelta, pero yo creo que la vida siempre es nueva y ¡hay tanto por aprender!. También creo que saber está lleno de sabor y que el prejuicio es una muralla para el que no halla. Pero tú ya lo sabes, naciste con cien años y eres para mí como un roble noble que hace tiempo que no espera crecer más, pero que sin embargo crece porque cree, y quiere ver el mar. Me encantaría que me contases las mejores cosas que hayas vivido, tus triunfos merecidos y aquellos que te regaló la vida. Quiero celebrarlos contigo, en un lugar siempre abierto, que huela a escarcha de fresa, a cama limpia y a tu mirada. Quiero meter tus malos recuerdos en una pecera de plata, llenarla de peces de colores y esperar hasta mañana.

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